Uno de los problemas de tener una cámara muy grande es la pereza a la hora de llevársela por ahí; incluso cuando por cuestiones de trabajo se sale al campo o de viaje hay cierta reticencia a cargar con más de dos kilos de equipo. No obstante, a veces uno logra vencer esa resistencia y carga la cámara al hombro. La imagen de hoy corresponde a uno de esos días: una salida de trabajo al Rincón de Ademuz. Eso sí, cuando no se sale a fotografiar sino a hacer otras cosas simplemente se aprovecha la oportunidad cuando surge y apenas se puede controlar nada. En este caso la foto se tomó a eso de las 12:30 y por ello la luz no era la mejor.

Parece obvio que la imagen es muy plana y está muy lejos de resultar atractiva; resultaba perfecta pues para jugar con ella, luchando contra una de mis fuentes de frustración -y, por ende, parálisis fotográfica- habitual: la dificultad para sacarles, por medio de un procesado creativo, algo de gracia a las fotos. En este caso la pasé a B/N utilizando un plug-in de Photoshop y le hice una serie de ajustes locales de luz y contraste en busca de resaltar volúmenes. El resultado es la foto definitiva.

La imagen ha sido muy bien recibida entre mis amigos -quizás por eso de que son mis amigos- pero con sinceridad, y aun teniendo en cuenta de que en papel gana bastante, me sigue pareciendo una foto algo mediocre, cuya única fuente de atractivo es el cielo. Y es que ¿qué tendrá el cielo que nunca nos deja indiferente?